
es su fastidiosa lucha con el olvido,
su incesable inconsistencia,
sus mutaciones a futuro.
Su problema es
que no termina sin comienzo,
que no empieza sin final,
y se muere a cada instante,
para volver a vivir.
El problema del presente
es su amnesia permanente.
No me quieras, no te quiero,
no me mueras lentamente.
Cuanto más hay que pelear,
cuanto menos aguantar,
cuando será el momento
en que el futuro y el pasado
se han detenido abiertamente
a mirarse a los ojos.
Yo aprendí a vivir sin vos,
sin una parte de vos,
pero caigo, siempre tarde, en que
no soy más que el mismo
y que nunca se movió.