
Medio loco, poco cuerdo,
algo otario, casi enfermo.
Su llanto de mujercita tiene dolor, ira y rabia,
aunque a veces lagrimea como renguera de perro,
y canta con filo en la lengua
su ternura no mengua,
ni para darme salida, ni a la hora de la tregua.
Y aunque su bronca me pira,
no abandono la pelea y me lleno de humo el pecho,
para no tragar más llanto.
Me quedo medio de canto para no morder el pasto
pero duele, y como duele,
masticarse tanta mierda.
Ni la distancia más onda, ni el amor de una Victoria,
pueden sacarme del alma la espina de la memoria,
que me dice que me pierdo sonrisas, juegos y euforia.
No bajo la guardia, ni tiro la toalla,
con ojos bañados volviendo a buscarla,
y otra negativa...
Más mares enteros mojando la ruta
que me deja mudo hasta Buenos Aires.
Insistir, insito, hasta que desangre
o hasta que lo entienda,
que el amor a veces se llama dolor...
Y la valentía, esa de su nombre,
aflora mi pibe, esconde mi hombre,
y me vuelvo loco, otra vez...
más que nunca hoy, menos que mañana.