
Como ese loco,
que en la oscuridad busca quien lo entienda,
y el alma se remienda para verse bien pituco.
Como aquel que no tiene nada,
y nada pierde cuando no gana.
Las ninfas del Dios Baco lo seducen,
le dejan el alma en bolas,
le despejan las equis, lo llevan al ayer.
Pero no hay versos bañados en alcohol,
sólo se lava el marulo y se afloja un par de ideas,
son inquietudes de un enigmático dibujo
entre comisura y comisura.
Un silencio no amistoso
dice que no hay daño por hacer
más que morder un juego de hombros.
La carcajada marca la pausa
y desvela otra locura placentera.
Y sigue riendo, a risotada limpia,
con el corazón abierto de Norte a Sur
y se vuelve a él, inofensivo,
viviéndola como pibe,
ese que pone cara de logi
cuando afana un par de caramelos
mientras se caga de risa, otra vez.