
crece la ansiedad, bajan más lágrimas...
La noche no se hizo para ganar.
Desvelan los flashes de las fotos de ayer,
el verde que rodea las pupilas
ya no me mira a los ojos,
ni dice las cosas que nunca escuché.
Como la luz brillante primero encandilo,
no causo sorpresa si marcha el reloj.
Un pucho, el alcohol, café y una rama,
compañía, escape, sangre y sudor.
Taladra el marote la imaginación,
la boca no quiere ni hace ni sentir.
Y el cuerpo se enfría, no quiere dormir,
extraña la seda que dejó querer.
El gallego que decía verdad de arrabales
no canta locuras... ya clava puñales.