
Un pasaje a nunca vuelvas
sin preaviso de despido,
una salida tan anunciada como negada.
Una misma boca que lamía heridas
y curaba los males,
terminó traicionando palabras
y clavando puñales.
Una verdad, entre todas las mentiras,
la que menos cierta tenía que ser,
la que siembra dudas y descubre velos.
Una vuelta obligado
que mudó la sensación a la calle realidad,
un corazón de neón que ya no brillaba,
apenas calentaba.
Una frase que no deja dudas,
y que duele innecesaria,
la del sentir tan limitado
que hace falta otro mercader.
Un reloj que no despeja equis,
su tic-tac agrega más confusiones
y le come el marulo a los celos.
Una lágrima, y mil más,
diciendo lo que las palabras no se animaron,
un gato que gritaba tu soledad.
Un ocaso entre todas las mañanas,
el sabor amargo de besar el suelo,
un corazón encerrado en caja fuerte
y con la llave tragada de antemano.