28.11.06

Final.
La angustia doméstica se quedó dormida,
mientras esta boca buscó compañía.
Y entre los festejos, del Uno y de mi,
tu cuerpo me dijo que no estaba muerto.
Cayó otra bandera, la última vez,
y arrasó con todo.
Pero ni el oscuro cielo, ni la noche fría,
pudieron borrar
el llanto triste del Pato,
ni el alegre del Pibe,
ni la aurora clara que ha vuelto a brillar.
Paso y repaso las fotos del alma.
Te veo y te escucho, más no puedo hallarte,
y la emoción del río te busca en la playa.
Por noches oscuras fue la más iluminada,
y depende del resto,
que pueda jugarme,
saber que fue aquella vez, o quien/que sos,
y que también esos días se vuelvan a dar
corriendo con pluma,
lo que he de extrañar.

3 comentarios:

Chric dijo...

La vida ciudadana tiene un sabor extraño; la vida en sí sabe a... ¿a qué sabe?
Giramos y giramos, nos envolvemos en nuestro propio cuerpo y ocultamos la luz, la que brilla bien adentro y nunca se apaga. Atenuamos nuestros sentimientos y pasamos a ser parte del todo, nos desdibujamos y calzamos en el molde. Algunos actos fortuitamente buscados y temidos nos vuelven a abrir y el resplandor enceguece, espanta a los que nos miran... pero los atrae, nos atrae.
¡Somos los desubicados!
Salud mi amigo, siempre vale la pena correr el velo negro que suaviza nuestro brillo de vida.

Naimad dijo...

Cuanta razón Big C... lo importante es que la luz esa que brilla bien adentro, nunca se apague. Por más que baje su intensidad, que nunca se apague. No se si tan desubicados nosotros... No serán desubicados quienes no se permiten darse el lujo de soñar? esos mismos que confunden vivir con una buena vida y hacen de ese velo negro un uniforme para cada uno de sus días... Vale la pena siempre encender nuevas luces... No se si tan desubicados... Prosit!

Anónimo dijo...

Gracias por siempre Naimad!!!

Anny