
mirándome a los ojos,
las palabras así tienen otro sabor.
Dejan de ser letras
y se vuelven palomas,
que no esconden sus alas
y me llegan al bobo
buscando calor,
acariciándome el alma,
curándome el dolor.
Historias rejuntadas así como sin querer en la calle, un café, o un bondi, de una forma que nunca intenta ser poesía, porque la vida no lo es. O si, según se mire con los ojos cerrados. No todo es autorreferencial, pero todo es mio, nuestro y tuyo si así se siente...